Sol Meme

Retratando esta vida y todos sus colores – Arte, Escritura, vida

Advertencia de contenido: Este texto contiene referencias a salud mental, depresión y suicidio. Si estás atravesando un momento difícil, no dudes en buscar apoyo profesional o hablar con alguien de confianza. No estás solo(a).

Pero ya veo que es verdad lo que se dice por ahí pues el día de mi muerte lucía completamente ordinario. El sol brillaba en lo más alto del cielo cuando abrí los ojos y una luz éterea volaba e iluminaba cada espacio de mi recamara. En la cocina el sonido de los platos chocando y las risas me avisaban que el desayuno estaba siendo preparado y una oleada de alegría recorrió mi cuerpo, me hizo saltar de la cama y al verme en el espejo noté cuanto me gustaba la persona que estaba viendo justo ahí.

Tomé mi canasta de baño, mi toalla favorita y salí a darme una ducha. Pase por la cocina antes para saludar a todo el mundo. El árbol que vivía afuera de mi puerta me saludo con sus hojas bailarinas al son de la suave brisa primaveral que comenzaba a sentirse en toda la región. Pude notar que pequeñas flores amarillas, lilas y violetas se asomaban en la hierba que crecía entre las piedras del patio. 

La voz de mi padre como agua tibia me abrazó desde la cocina. Su saludo habitual. Mi madre tomaba su café de la mañana en su taza favorita.  Algunas patas de gallo comenzaban a asomarse por el borde de sus parpados. Sonreía de oreja a oreja y en cuanto me vio salir se levantó para darme uno de sus grandes abrazos de oso con el beso tronado que daba con la confianza de que su tinta de labios, la misma que habia utilizado los ultimos veinte años no se movería ni un poco ni quedaría en mi frente como una estampa. 

Papá me ofrecio una taza de café, la recibí y lo abracé. Les platiqué sobre las flores amarillas que crecían en las baldosas del patio y emocionados comenzaron a pensar en planes para esta primavera. Una ida a la playa, tal vez un picnic en el parque, que tal si todos ibamos de campamento al mismo lugar de acampada en el bosque al que me llevaban desde que nací. 

Mis viejos, siempre de buen humor, siempre con una sonrisa, siempre con planes similares para cada año. Amaban la rutina pero no les gustaba admitirlo. Lo que más disfrutaban era planificar cosas nuevas aun cuando no sabían si las cumplirían o no. Me quede con ellos un rato, peloteando ideas en mi bata de baño y al darme cuenta de la hora, rápidamente los besé, abracé y corrí a ducharme. 

Papá preguntó si desayunaría. Le dije que no, que comería algo al llegar a la facultad. 

El agua estaba perfecta, hirviendo para pelar pollos como solía decir mi abuela. Disfrute la caricia de las gotas cayendo por mi cuerpo, el agua empapando poco a poco la completitud de mi cabello, haciéndolo pesado, sintiendo el peso de cada hebra sobre mis hombros, mis hombros sobre mis brazos, mi torso sobre mis piernas y absolutamente todo mi ser sobre la planta de mis pies. 

Me ví en el espejo que usabamos para la hora de afeitar en la ducha. Ví una chispa, una chispa de realización, del reconocimiento de mi humanidad y de la perfección que en ese mismo momento había alcanzado. Era completa y absolutamente feliz, bajo el chorro de agua estiré los brazos y acaricie ese momento como bajo una gran tormenta y comencé a reir, a cantar. El extasis, la euforia absoluta.  Sentía rayos en mi interior, electricidad energizando cada una de mis celulas y vientos huracanados que me mecian bajo el agua.

Respiré como no había respirado en mucho tiempo. La vida era hermosa, estaba  en technicolor. Al vestirme me di cuenta de que era lo que siempre desee. Armé mi atuendo favorito, con todos los colores que más disfrutaba. 

Besé a mis viejos y tomé el coche. También tomaría el camino escenico a la escuela esta vez. Por la cañada, lejos del trafico. Era el camino más largo y también el mas hermoso. El follaje primaveral hacía unos hermosos arcos de colores purpura, amarillo y verde, un tunel de vegetación filtraba la luz del sol para mi. Abrí el quemacocos no solía hacerlo pero este día ameritaba la ocasión.

Lo tenía todo, tenía una familia que amaba, amistades hermosas, ni un solo conflicto, era la mejor de mi clase, tenía un trabajo increíble, era hermosa, era inteligente, sublime. Yo estaba en la cuspide de la vida. 

Entonces lo supe. Hay que retirarse del juego cuando uno está ganando.

Me encontraba completamente lúcida, preparada para este momento que siempre supe llegaría para el que solo esperaba la ocasión perfecta. Llegando a mi curva favorita de la cañada, en la que se podía ver todo el paisaje, aceleré y con una gran sonrisa giré el volante, rompí las protecciones de la carretera y volé.

Sentí el aire entrar por mi ventana, el sol a través del quemacocos me hizo recordar a Ícaro que se acerco tanto al sol que se quemó, la ironía de sentirme lo más viva posible un momento antes de morir me sacó una carcajada.

Una luz dorada acarició mi rostro mientras yo me convertía en esa energía que me envolvía, nos fusionamos, podía ver los rostros de millones antes de mi que sonreían y me daban la bienvenida. Fragmentada en mil pedazos fuí entonces  la luz que entra por la ventana de mamá en las mañanas. La luz que baña a mi padre cuando toma el sol en la terraza. Vivo en la hora dorada de cada atardecer y ahora soy un ser de millones que serena, calma, sana. No existe el tiempo

Soy luz que no quema. Soy luminiscencia

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